A ratos me dan envidia. Mucha. Los brasileños son maestros…de todos los conceptos existentes, se quedaron con el mejor, el más deseado, el que sintetiza un estado que todos quisiéramos alcanzar: la alegría. Ellos no pretenden que el mundo los vea como los más eficientes, puntuales o trabajadores; no les interesan para nada los índices macroeconómicos o la inflación. Puede que estén como las pelotas económicamente, con problemas de corrupción, con altos niveles de criminalidad en las calles o azotados por una epidemia de cualquier cosa, pero para el mundo Brasil es fiesta, carrete, carnaval, futbol en la playa tomando caipiriña…
Y claro, asi como los franceses y los argentinos tienen fama de ser más pesados que la cresta, o los suizos se caracterizan por su imparcialidad, los brasileños se han encargado de hacerse notar en este planeta, y lo han hecho de una forma creativa, diferente, apelando a algo que es universal: el hueveo, el carrete, pasarlo la raja. Desde siempre. Es cosa de recordar esas películas antiguas de sofisticados ladrones, en las que el plan final, después de robarse el millonario botín, es huir lejos, al paraíso perdido, a las exóticas tierras cariocas, para pasar el resto de los días en la playa tomando sol, rodeados de minas en traje de baño… maravilloso retiro. Hasta se dieron el lujo de apoderarse de un color horrible (el amarillo), lo combinaron con el verde, y lo convirtieron en una marca. Maestros. Cuando el mundo piensa en Sudamérica, piensa en el caos colorinche y particular de México y en las playas y relajo propios de Brasil. Eso sería todo. El resto como que no existe. Y tampoco importa demasiado.
De verdad, no me consta, no conozco a ninguno, y de hecho, los miro con cierta reticencia porque los encuentro demasiado empelotados (en el sentido de hacer las cosas al lote, que no se entienda de otra manera)… A lo mejor estoy totalmente engrupido por el espíritu de Pepe Carioca, pero algo de cierto debe haber, porque un compañero de trabajo ha ido de vacaciones 2 años seguidos a Rio, y el próximo va a ir de nuevo. Dice que iría mil veces. Y claro… es choro poder ver a los Rolling Stones en la playa gratis… es rico echarse en la cuneta una tarde calurosa y tomarse una cerveza relajado, sin que te echen la foca… debe ser rico ir a trabajar con bermudas y chalas y que nadie te mire feo... Todo les importa un bledo; lo importante es pasarlo bien, y vivir con alegría; es cosa de ver a Ronadinho, que hasta cuando pierde un penal se caga de la risa (aunque si yo tuviera la mitad de la cuenta corriente de Ronadinho, me reiría hasta que me muriera).
Éso es saber proyectar una imagen.
¿qué mierda podemos hacer nosotros para hacernos notar en este planeta? ¿cómo nos vendemos? Desde mañana haré un esfuerzo. Iré a trabajar y me voy a tomar las cosas con relajo; pretenderé que se puede trabajar y hacer las cosas bien, sin perder el sentido del humor; no más cara de poto en el metro a las 7:42… a ver cuánto me dura. Apuesto a que no paso del miércoles.

Y claro, asi como los franceses y los argentinos tienen fama de ser más pesados que la cresta, o los suizos se caracterizan por su imparcialidad, los brasileños se han encargado de hacerse notar en este planeta, y lo han hecho de una forma creativa, diferente, apelando a algo que es universal: el hueveo, el carrete, pasarlo la raja. Desde siempre. Es cosa de recordar esas películas antiguas de sofisticados ladrones, en las que el plan final, después de robarse el millonario botín, es huir lejos, al paraíso perdido, a las exóticas tierras cariocas, para pasar el resto de los días en la playa tomando sol, rodeados de minas en traje de baño… maravilloso retiro. Hasta se dieron el lujo de apoderarse de un color horrible (el amarillo), lo combinaron con el verde, y lo convirtieron en una marca. Maestros. Cuando el mundo piensa en Sudamérica, piensa en el caos colorinche y particular de México y en las playas y relajo propios de Brasil. Eso sería todo. El resto como que no existe. Y tampoco importa demasiado.
De verdad, no me consta, no conozco a ninguno, y de hecho, los miro con cierta reticencia porque los encuentro demasiado empelotados (en el sentido de hacer las cosas al lote, que no se entienda de otra manera)… A lo mejor estoy totalmente engrupido por el espíritu de Pepe Carioca, pero algo de cierto debe haber, porque un compañero de trabajo ha ido de vacaciones 2 años seguidos a Rio, y el próximo va a ir de nuevo. Dice que iría mil veces. Y claro… es choro poder ver a los Rolling Stones en la playa gratis… es rico echarse en la cuneta una tarde calurosa y tomarse una cerveza relajado, sin que te echen la foca… debe ser rico ir a trabajar con bermudas y chalas y que nadie te mire feo... Todo les importa un bledo; lo importante es pasarlo bien, y vivir con alegría; es cosa de ver a Ronadinho, que hasta cuando pierde un penal se caga de la risa (aunque si yo tuviera la mitad de la cuenta corriente de Ronadinho, me reiría hasta que me muriera).
Éso es saber proyectar una imagen.
¿qué mierda podemos hacer nosotros para hacernos notar en este planeta? ¿cómo nos vendemos? Desde mañana haré un esfuerzo. Iré a trabajar y me voy a tomar las cosas con relajo; pretenderé que se puede trabajar y hacer las cosas bien, sin perder el sentido del humor; no más cara de poto en el metro a las 7:42… a ver cuánto me dura. Apuesto a que no paso del miércoles.


























